Sandra Camps

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En unos días se ha ido. La ausencia se hace notar y , por momentos, duele. Se ha ido un amigo del alma, un joven que todavía no había cumplido los 40 y tenía una vida por delante junto a su compañera de vida. Era un hombre grande en todos los sentidos. Empezando por su corazón. Pensábamos diferente en muchas cosas pero aprendimos y disfrutábamos discutiendo de todo, siempre desde el cariño y el respeto mutuo. Sumábamos. Era una persona alegre que brillaba cuando bailaba salsa rodeado del calor de su gente. Tenía una luz especial que llegaba a sus pacientes cuando ejercía su pasión como enfermero y le encantaba ayudar. Y se fue ayudándonos a todos a comprender que tenía un cáncer que se lo iba a llevar sí o sí. Era un luchador y nunca tiró la toalla pero vivió y disfrutó cada instante de su vida sabiendo que la cuenta atrás había empezado, precisamente por eso, no sabía si su cuerpo aguantaría un día más entre la quimio y el bicho. Tuvo a una compañera de lujo a su lado en cada momento que le sigue amando, los dos tuvieron la suerte de encontrarse en esta vida para conocer la felicidad.

No es fácil para nadie vivir la ausencia de un ser querido. Rafa lo sabía. Se pasó muchos años en la UCI de un hospital viendo cómo la vida se va en un suspiro y acompañando esos momentos. Era consciente de que lo duro venía después. El después. La ausencia. El vacío. Por eso, nos hablaba con una naturalidad, que al principio costaba escuchar sin estremecerse, de la muerte. Dudaba de si podría o no estar en el próximo encuentro, el próximo cumpleaños, las próximas Navidades. Y ya dudábamos nosotros también, contando con esa posibilidad macabra que dolía pero desde otro lugar mucho más sereno con el paso del tiempo.

Nos dio una lección de vida a a todos naturalizando la muerte aunque estando en la plenitud de la vida como estaba él, es muy difícil aceptarlo.

Me pude despedir de él de una forma muy tierna, muy bonita, con serenidad y en paz. Nunca antes viví un momento como ése. Tan intenso, tan especial que sólo él podría lograr. No he borrado tu teléfono de mi móvil ni lo voy a hacer. Tampoco lo hice cuando se fue mi padre. Siguen en mi listado de contactos preferentes porque no voy a dejar de discutir ni de reír con ellos, ahora desde otro lugar.